Era un día cualquiera cuando decidí llevar a casa un pequeño gatito que había encontrado en la calle. Su pelaje suave y sus grandes ojos curiosos me hicieron sentir que no podía dejarlo atrás. Lo metí en un transportín, emocionado por presentarle a mi gata, la reina indiscutible de la casa. Al llegar, noté que la atmósfera cambió. Mi gata blanca, que siempre había sido la dueña del hogar, me miró con desdén. Sus ojos se estrecharon y, en un instante, el ambiente se tornó tenso. Al abrir el transportín, el pequeño gatito salió, pero en lugar de ser recibido con alegría, fue recibido con un bufido aterrador. Mi gata, sintiéndose amenazada, no dudó en mostrar su descontento. Bufaba y se erguía, mostrando su autoridad. Intenté calmarla, pero eso solo pareció intensificar su enojo. En un arrebato de defensa, me arañó la mano cuando traté de acariciarla, como si me dijera: "¡No te atrevas a traicionar mi reino!" El pequeño gatito, asustado por la feroz actitud de la reina, se e...
El sol brillaba con fuerza aquella mañana de verano, y el sonido de las olas rompiendo suavemente en la orilla creaba la banda sonora perfecta para una escapada romántica. Mi pareja y yo decidimos que era el día ideal para desconectar de la rutina y disfrutar de un día en la playa. Al llegar, nos encontramos con una hermosa playa de arena dorada, donde la brisa marina acariciaba nuestro rostro. Con una sonrisa y un par de toallas bajo el brazo, encontramos un lugar ideal cerca del agua. Desplegamos nuestras toallas como si fueran dos pequeñas Islas de felicidad y nos instalamos. La primera misión del día fue la de refrescarnos. Nos lanzamos al agua, riendo y chapoteando, mientras las olas nos envuelven y nos llenan de alegría. Después de un rato de juegos salados en el mar, decidimos que era hora de reponer energías con un buen almuerzo. Caminamos hacia un chiringuito colorido que se alzaba justo en la orilla, prometiendo delicias frescas. El menú era un festín de sabores del mar ...